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La fuente de las ilusiones

  • Foto del escritor:  Redacción: La Noticia Es
    Redacción: La Noticia Es
  • 7 jun
  • 3 min de lectura

Por Norberto Hernández Bautista:


—«Había un chorrito, se hace grandote, se hacía chiquito...» —canta Don Melitón para sus adentros—. ¿Ya quedó? ¿alcanza a cubrir los tres jarrones? —pregunta a Doña Cláusula. —Sí, ya lo hicieron los de alumbrado público. —Muy bien, solo estén pendientes. Es una prueba. —Sí, pero ya lleva una hora funcionando, todo está bien.

—Y ahora ¿qué hacen? ¡Pónganse a trabajar! —les dice Don Melitón, en tono de broma. —Les invitamos un pollito rostizado —revira ella con una sonrisa. —Ok, voy a una reunión. Les encargo.


Una hora más tarde. —Oiga, don Melitón, algo pasó —dice preocupada—. Una rama cayó sobre un cable, se hizo un corto; y, pues... dejó de caer agua en la Fuente de las Ilusiones. —¿Cómo? ¡No me digas! —Lo bueno es que siguen aquí los de alumbrado y la volvieron a conectar. Ya está funcionando de nueva cuenta. Solo las tres lámparas que dan a la glorieta no van a prender; se quemó la línea. —Sí, gracias, Cláusula. Al rato paso para ver si se apaga tal como quedó programada. —Sí, ahí estamos. Ya le guardé las patitas del pollo.

10:30 PM. Intercambio de mensajes. —Oye, son las diez y media y la bomba sigue prendida. Creo que falló la programación. —Apáguela de la caja que está en el registro —responde Cláusula—. Apriete el botón rojo. —Sí, ya quedó. Mañana vemos qué hacemos.


Al día siguiente por la mañana. —Buenos días, Don Melitón. ¿Cómo ve? —Pues no jaló. Llegué temprano, abrí el registro, apreté el botón y no arrancó. Ya pedí el apoyo al director del Organismo. Me dice que hoy no viene el ingeniero que le sabe, porque está en la inauguración del pozo de Los Rosarios. Mañana a primera hora, traerá el equipo necesario para dejarla funcionando. Nos vemos temprano para estar alertas. —Sí, nos vemos en La Era a las nueve. Póngase chingón.


Al día siguiente. —Buenos días, Cláusula. Ya estoy listo. Voy a pasar al taller porque se descompuso el carro; espero que el mecánico llegue temprano. Estén pendientes del ingeniero electricista. —¡Ya llegó! Está aquí viendo el tablero de control —responde ella—. Bájele a sus nervios, ya está funcionando la fuente. Esto merece unas aguas amargas... no vaya a salir con cafecitos y su pan de dulce. De menos, algo que raspe. —Ahí voy—dice Don Melitón—. Qué bueno que está jalando. Ya vi que está cayendo agua por los jarrones. Me estaba dando el cuarto. Imagínate, tuvimos cinco mil vistas en el mensaje de Facebook; si salíamos con que no funciona, nos iba a ir como en feria. Ya ves que se hace campaña de lo malo... lo bueno no cuenta.


Don Melitón llega a la fuente. —Gracias, ingeniero, nos salvó de la quemada en las redes. ¿Qué fue lo que falló? —Estuve a las vivas, Don Melitón —interviene Cláusula—. Vi que le movió una palanquita, pero si me pregunta bien a bien, no sé. Es alta tecnología para mis azules ojos. —Fue una falla normal —explica el ingeniero—, pero sí es necesario poner un contactor trifásico para garantizar el funcionamiento. —Sí, lo compramos —asienta Don Melitón—. Los compañeros de alumbrado nos echaron la mano: ocurrió un corto, se apagó la bomba, la conectaron nuevamente, pero se desprogramó. En la noche la apagué y en la mañana ya no quiso arrancar. Pero bueno, todo es parte del trabajo. Gracias por su apoyo, ingeniero. ¿De dónde es usted egresado? —Del Poli. —Ah, ahí sí tenemos una diferencia... —sonríe Don Melitón con picardía—. Yo soy de la UNAM.

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Por: Juan Gabriel González Cruz

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