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LABORATORIO ELECTORAL



EN EL ESTADO DE MÉXICO NADA ESTÁ ESCRITO


POR: EFRÉN ORTIZ ALVAREZ

Los resultados que arrojaron las elecciones del pasado 5 de junio han alimentado un cúmulo de hipótesis que buscan profetizar —y en algunos casos sentenciar— lo que se avecina en las próximas elecciones en nuestro país. Bajo esta lógica, muchos de los pronunciamientos han tenido como propósito poner en tela de juicio la efectividad de la coalición “Va por México”, en razón de que los márgenes de competitividad que presentó esta alianza reflejan una caída importante en comparación con elecciones anteriores.


En esa tesitura, se ha sugerido que la alianza PAN-PRI-PRD se traduce invariablemente en una merma del potencial electoral que concentran estas fuerzas políticas por sí solas; afirmación que considero parcialmente verdadera.


Efectivamente, en este espacio ya hemos expresado que el resultado de las coaliciones no se traduce en la suma de las partes, pero estamos lejos de asegurar que los resultados de una coalición reflejen menores proporciones a las que posiblemente obtendrían los partidos en lo individual. Dicho en otros términos, en política es posible que si sumamos 5 + 3 + 2 el resultado sea igual 7. No es el ‘10’ que esperaríamos, pero es un resultado mejor al que cualquiera podría aspirar por separado. En ese sentido, ¿podrían haber sido incluso más amplios los márgenes de victoria si estos partidos hubiesen contendido solos? Ésa, al menos, también es una probabilidad.


Adicionalmente, resulta aventurado que construyamos un panorama general a partir de escenarios aislados; por ejemplo, si bien existen casos en los que PAN-PRI-PRD obtuvieron buenos resultados compitiendo solos, ello se debe en gran medida a que, en esos casos concretos, las condiciones de dichos partidos les permitían ser competitivos en lo individual, de ahí la viabilidad estratégica de contender solos y, consecuentemente, obtener tales resultados. Pero dicha realidad está muy lejos de actualizarse en todos los casos.


Veamos el caso concreto del Estado de México. Esta entidad actualmente cuenta con una Lista Nominal de alrededor de 12 millones de electores, y acorde a las tendencias de participación, para la elección del 2023 podríamos presenciar una participación del 50%, lo que equivale a 6 millones de votantes. En ese sentido, y suponiendo que la elección se fragmente en dos grandes bloques —como toda parece indicar—, serían necesarios unos 3 millones de votos para asegurar la elección. Conforme a los resultados de las últimas elecciones, el voto del PRI actualmente oscila en 1.8 millones de votos, el del PAN en 800 mil, y el del PRD en 250 mil, por lo que, en el Estado de México, la alianza PAN-PRI-PRD tendría un bono de 2.85 millones de votos; en tanto que Morena y aliados concentrarían unos 2.5 millones de votos. Cifras que desde luego dependen del ánimo de las negociaciones y de los personajes que asuman las candidaturas.


Sea como fuere, lo anterior refleja un escenario bastante reñido en el Estado de México, y acorde con esta realidad, resulta aventurado apostar que esta elección ya está resuelta; pero aún más atrevido sería poner en entredicho la efectividad de la alianza PAN-PRI-PRD en el caso concreto de este estado, pues los números por sí solos nos dicen que estos partidos tienen limitadísimas posibilidades de ganar compitiendo solos.


En ese sentido, convendría no irse con la finta de los resultados que arrojan algunas entidades ni hacer generalizaciones que ignoran las condiciones políticas de cada contexto. Habrá que ver cómo se acomodan las piezas en el tablero y conocer quiénes son los invitados al banquete y el lugar en el que son sentados.


Desde luego, suena muy seductor pretender el descubierto del agua tibia, pero estamos lejos de conocer el desenlace de una historia cuyo primer capítulo ni siquiera termina de definirse. Máxime tomando como parámetro ejercicios que no comparten modo, tiempo y lugar. Usted juzgue.

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