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México al cierre de 2023



POR NORBERTO HERNÁNDEZ BAUTISTA

Los mexicanos somos parte de un mundo dominado por nuevos y forzados equilibrios geopolíticos. Somos parte de la tercera guerra mundial conocida como “guerra híbrida” o “guerra multifactorial”. Ya no se combate solo con balas, cañones, tanques, misiles, aviones y soldados; ahora la inteligencia artificial y factores naturales son decisivos. Esa nueva realidad debemos entender y cuidar a nuestro país de adversarios que quieren devastar la paz y la estabilidad política del país.

 

La guerra de Ucrania y Rusia va a cumplir dos años, dando como resultado miles de muertos y millones de desplazados. El conflicto domina las agendas internacionales. El enfrentamiento ocurre en un contexto donde Estados Unidos (EU) ya no es la potencia única; China y Rusia son fuertes actores que compiten por el control del poder global. La India avanza, mientras la Europa en su conjunto se rezaga. La civilización está en riesgo, tiene los focos prendidos en rojo.

 

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han fracasado como mediadores entre oponentes. Son parte del conflicto y su debilidad se debe a su origen que las colocó bajo el dominio de los EU. Esa hegemonía, surgida luego de la segunda guerra mundial, ya no existe. Lejos de una solución en el conflicto entre Ucrania y Rusia —guerra que por cierto van perdiendo los EU— surge otro enfrentamiento militar entre Israel y Palestina. Las potencias juegan con cerillos en una alberca con gasolina.

 

El otro escenario dramático, de alcances globales, que ha incrementado las diferencias entre países ricos y naciones pobres es la pospandemia. Sus efectos han dañado significativamente a la población dependiente de la ayuda internacional y de las políticas públicas de bienestar de sus gobiernos. Hubo sequías, malas cosechas, se perdieron empleos, las economías cayeron, los estragos del calentamiento global son inevitables, las oligarquías se aprovecharon y se enriquecieron aún más. Los sistemas políticos y sus modelos de competencia electoral se transformaron y no necesariamente para bien de la sociedad más necesitada.

 

De ambos contextos México ha salido bien librado y no debe perder el horizonte trazado. El gobierno ha sido responsable y ha actuado con prudencia. La 4T registra buenos números en lo económico y lo social. Sus políticas de bienestar son factor de equilibrio, no acaban con la pobreza, pero sí reducen el abismo de la desigualdad y la marginación. Frente a los embates violentos de la oposición de derecha ha mantenido la tolerancia y el respeto por la libertad de expresión. Para algunos, ha sido demasiado pasivo, pero es el mecanismo conveniente para que la lucha por el poder público siga los caminos de la ley y la civilidad política.

 

Existe un riesgo interno sobre el que se debe tener cuidado y evitar que dañen la cultura democrática del país. La derecha tiene en marcha una estrategia para ganar el poder sustentada en la posverdad, fake news o, para hablar con propiedad, en la mentira y en la difusión de noticias falsas. Es una campaña de comunicación propia de las guerras mundiales o del conflicto bélico de Ucrania-Rusia e Israel-Palestina. Desinformar para desprestigiar al oponente por medios viles y destructivos.

 

Quienes toman decisiones en Morena y la 4T no lo pueden perder de vista. La oligarquía era dueña de los poderes del Estado y los quieren de regreso. Tienen todo un aparato a su disposición: televisión, prensa, analistas, periodistas y hombres de negocios cuya riqueza se debe al saqueo del presupuesto público.

 

Al cierre de 2023, la posverdad, como instrumento de la derecha, es el mayor riesgo para México.

 

 

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