Drones: economía de baja altitud
- Redacción: La Noticia Es

- hace 4 días
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—Me duele la cabeza. Ayer perdí mis lentes y, la verdad, no recuerdo dónde los dejé.
—¿Serán estos? ¿Qué le pasa, don Melitón? Ya se le sube el alemán.
—¿Dónde los encontraste? Me salvas, Cláusula. Sí que estaba preocupado. Te debo dos botes.
—¡Mangos que! La cuota son seis, nada de dos. El six es de cajón. Y tú, ¿cómo lo ves, Caballo?
—Las tradiciones se respetan, compañera. Yo estoy con usted.
—Está bien, que sea un six. Así nos tocan dos botecitos por cabeza.
—Bien hecho, don Melitón. A rajarse a su tierra. Ya no tiene que ir a China a comprarse unas gafas inteligentes.
—¡No le digo, compañera! ¿Qué tiene que ver China en este rollo?
—Ya ve, don Melitón; me dan ganas de regresar a la nocturna al Caballo. No le gira la ardilla.
—Efectivamente, mi querido Caballo, existen gafas con inteligencia artificial. Son lentes capaces de traducir 89 idiomas, grabar video e incluso convertir una conversación en texto en tiempo real. Técnicamente se les conoce como gafas de realidad aumentada.
—Solo porque me lo dice usted, compa Meli. ¡Parecen noticias de otro planeta!
—De hecho, acaba de celebrarse la feria de drones más importante del mundo. El evento se realizó en un lugar llamado Shenzhen, en China.
—A ver, ¿eso de qué se trata? Suéltela, que ya sabe caminar, don Melitón.
—Claro. Les cuento que en la feria se presentaron drones con tal avance tecnológico que ya se habla de una economía del aire de baja altitud. Los drones recreativos ya quedaron en el pasado. En realidad, eran cámaras voladoras y de ahí no pasaron.
—¡O sea que ya hay otros más chipocludos, compa!
—Sí, para distintas actividades y ramas de la industria. Los hay para la agricultura, para apagar incendios, vigilar, controlar el espacio aéreo, trasladar heridos y llevar materiales a zonas inaccesibles o montañosas. Incluso los hay para limpiar los vidrios de los edificios.
—Ni modo, mis compas limpiavidrios ya valieron. Esos cuates son bien aventados y se van a quedar sin chamba.
—No en este momento, pero en poco tiempo esos drones llegarán al país. Miren, están próximos a salir los destinados al transporte de personas; los llaman taxis o coches voladores. De hecho, se presentó uno denominado dron-plataforma, que servirá para ir al trabajo, a la universidad o a la oficina. Será como ir en coche, pero por el aire.
—¿Y para la seguridad hay algo? Ya ve que en ese tema andamos cortos, compa.
—En lo particular, creo que es uno de los campos donde más se ha avanzado. Hay un dron de apenas 55 gramos de peso, con capacidad para volar durante 25 minutos, diseñado para acciones de alto riesgo. Otro es un dron interceptor de alta velocidad para tareas de seguridad, equipado con inteligencia artificial para el reconocimiento de objetivos. Alcanza los tres mil metros de altura y una velocidad de 300 kilómetros por hora. Es como una patrulla aérea.
—Don Melitón, pero eso está en chino para que llegue acá.
—No. La tecnología existe; solo hay que ir por ella. Nosotros, en Tlalnepantla de Baz, tenemos zonas altas. ¿Se imaginan contar con un dron GQ-2300 no tripulado, diseñado para intervenir en montañas, cargar hasta una tonelada de ayuda y trasladar heridos?
—Me lo imagino. Ojalá algún día sea realidad, compa Meli. Tlalnepantla debe ir adelante, a la vanguardia.
—Cuando sepa de alguno que pueda llevar al Caballo a la luna, me avisa, don Melitón.
—No se preocupe, compañera. A la luna voy solo, caminando. Venden unos curados de alta calidad: puro pulquito gourmet.




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