¡El Lulazo!


Por Norberto Hernández Bautista
Se ve difícil, pero todavía existen posibilidades de que Lula gane el balotaje en Brasil. La segunda vuelta será decisiva para la continuidad de la opción de izquierda y la permanencia de un gobierno que trabaja para millones de brasileños, frente a una derecha que, desde esta perspectiva, gobierna para unas cuantas familias que han detentado el poder y quieren recuperarlo a toda costa.
Lula es un político de larga trayectoria, un tanto desgastado y con el peso de los años encima. Su adversario, en cambio, pertenece a una familia rodeada de controversias y señalamientos por presuntos negocios legales e ilegales, incluso relacionados con el narcotráfico. Jair Bolsonaro, padre del candidato Flávio Bolsonaro, fue presidente, buscó la reelección y perdió frente a Lula. Incapaz de aceptar su derrota, estuvo involucrado en una intentona golpista que fracasó y terminó en prisión. Antes de su llegada a la presidencia, Dilma Rousseff había sido destituida mediante un juicio político. Después vino el encarcelamiento de Lula, que le impidió competir en aquellas elecciones.
El domingo 4 de octubre de 2026, durante la primera vuelta electoral, Flávio Bolsonaro obtuvo una ventaja sobre Lula. Las razones son múltiples, pero algo queda claro: la familia Bolsonaro conserva posiciones legislativas, mantiene alianzas políticas y busca recuperar la presidencia del país. El clan tiene posibilidades de conseguirlo. Un eventual triunfo de Flávio podría facilitar una mayor influencia del gobierno de Donald Trump sobre sectores estratégicos de Brasil, como los hidrocarburos, los minerales críticos, los recursos naturales y la producción agrícola.
Otro objetivo estratégico de Trump podría ser debilitar la participación de Brasil en los BRICS y alejarlo de China, Rusia y la India. Para Washington sería un triunfo geopolítico. Son dos proyectos de nación los que están en juego. Incluso si Lula gana, enfrentaría un gobierno complicado, aunque conservaría la alianza popular que lo ha llevado al poder.
¿Puede ocurrir algo parecido en México durante las elecciones de 2027? No parece probable en el corto plazo, pero ningún proyecto político es infalible. Morena debe tener claro a qué se enfrenta. Repetir errores representa un alto riesgo. En las elecciones de 2027 no competirá solamente contra los candidatos del PAN, el PRI o Movimiento Ciudadano. Su verdadero adversario será la narrativa dominante y el algoritmo invisible.
Todos los días, millones de mensajes con contenidos negativos o falsos circulan en las redes sociales y moldean las percepciones y conductas de posibles electores. No es posible calcular cuántos ciudadanos han sido influidos por los algoritmos, pero esa dinámica existe y genera un ambiente de incertidumbre. Son personas que reciben y comparten mensajes de todo tipo, muchos de ellos dirigidos contra Morena, la presidenta Claudia Sheinbaum, AMLO y sus hijos.
La campaña se intensifica cuando funcionarios del gobierno de Estados Unidos señalan supuestos vínculos con el crimen organizado o el huachicol. Ni qué decir cuando gobernantes morenistas cometen errores. No hay reposo. Dinámicas semejantes se han observado en Chile, Colombia y ahora en Brasil. México no es la excepción.
La oposición de derecha busca consolidarse como un bloque que actúa de manera paralela al gobierno, lo desgasta y regresa con mayor fuerza. Mientras se desmiente una nota, una noticia o una declaración falsa, ya es demasiado tarde: aparece otra, y después otra.
Las encuestas, por sí solas, resultan insuficientes para medir este fenómeno. Registran preferencias electorales, pero difícilmente capturan toda la influencia de los algoritmos en la formación de opiniones y conductas políticas. El «Lulazo» es una advertencia: Lula perdió la primera vuelta frente al candidato de una familia marcada por graves controversias judiciales y políticas.
¿Esa condición importó? Aparentemente, no.




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