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En América nadie escapa el intervencionismo gringo

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    Redacción: La Noticia Es
  • hace 32 minutos
  • 3 min de lectura

Norberto Hernández Bautista:


Siempre han sido así; su política exterior ha dejado a salvo su lugar de imperio dominante. En ocasiones recurren al derecho internacional y, en otras, ejercen su dominio a pesar de él. Las naciones latinoamericanas siempre han sido vulnerables, ya sea por elección propia o por la debilidad del Estado. La potencia militar norteamericana se ha impuesto a la retórica de la unión latinoamericana. Esto ocurrió en Chile y en Venezuela. Ni qué decir de Cuba, que ha sido el fiel reflejo de los excesos norteamericanos.


Por décadas, el gobierno de los Estados Unidos preparó a los militares que después apoyaría para ser dictadores en sus respectivas naciones. El asesinato, encarcelamiento y la aniquilación de toda oposición marcaron a las dictaduras latinoamericanas. En México prevaleció el régimen de partido hegemónico que organizaba elecciones bajo un esquema de control político, donde la competencia era solo un medio de legitimación del poder mismo. Por casi un siglo, las elecciones nunca pusieron en riesgo el dominio de la clase política y empresarial, que actuaba en sociedad para la repartición de la riqueza nacional. Sus excesos de corrupción fueron tolerados por los norteamericanos mientras se mantuvieran alineados a su dominio.


Hasta hace poco, las dictaduras fueron derrotadas gracias a la celebración de elecciones libres. La democracia definió el destino político de las naciones latinoamericanas. Los Estados Unidos reconocieron a los gobiernos nacidos de elecciones democráticas, pero no siempre estuvieron de acuerdo con ellos. La derecha y los grupos conservadores exigieron la intervención de los norteamericanos para evitar la propagación de gobiernos progresistas. Con esa tendencia, se han establecido nuevas alianzas para el intervencionismo.


Un factor determinante ha sido la declaración de la guerra contra las drogas y, recientemente, la determinación de clasificar como terroristas a los traficantes de drogas. Ambas acciones son facilitadores para que el gobierno norteamericano intervenga en el país que desee. Durante los años ochenta, lo hicieron en Colombia, Bolivia, Perú y Panamá. Recientemente, han intensificado la presión contra Brasil y México; no les gustan sus gobiernos progresistas.


En el caso de México, es latente la amenaza de un mayor intervencionismo para desestabilizar al gobierno. Buscan que la presidenta Sheinbaum se rinda y pida tregua a cambio de ceder a sus peticiones de subordinación total. La otra estrategia es golpear incesantemente para que caiga a partir de la masificación de propaganda negra. Lo más riesgoso para el gobierno mexicano es la doble moral norteamericana: por un lado, piden combatir a los distintos grupos de narcotraficantes y, por el otro, facilitan su equipamiento con armas de alto poder y drones capaces de combatir contra las Fuerzas Armadas. Con su capacidad armada y el dinero obtenido por la venta de drogas, estas organizaciones ya rebasan a los gobiernos locales y municipales.


Estados Unidos ha cerrado el círculo sobre México. Tienen información sobre quiénes son, cómo trafican y sobre las redes de complicidad oficial. Según sea el caso, presionan, amenazan e intervienen en territorio nacional cuando quieren. Además de esta información privilegiada, han sumado el apoyo del conservadurismo y derecha nacionales. Juntos, conforman un equipo de alto riesgo para el país.


El gobierno de la presidenta Sheinbaum tiene que romper con esa complicidad. Es impostergable aplicar la ley a los servidores públicos coludidos con el crimen organizado. Tomar la iniciativa es mejor que actuar bajo la presión norteamericana. A pesar de ir un paso adelante, el gobierno morenista debe tener conciencia de que los gringos no van a dejar de utilizar a los grupos de narcotraficantes, ya que son sus grupos de presión para facilitar el intervencionismo.

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©2020
Por: Juan Gabriel González Cruz

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