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No crecen, pero ya ganaron

  • Foto del escritor:  Redacción: La Noticia Es
    Redacción: La Noticia Es
  • hace 10 minutos
  • 3 Min. de lectura

Se movía con gracia: se erguía, adelantaba un pie, el otro lo pegaba a la pantorrilla, giraba y daba la vuelta como si alguien la llevara de la mano. Vio llegar a Melitón, pero no se detuvo; siguió bailando sabroso, con un ritmo que parecía venirle de adentro.

Solo ella sabía qué música la movía, hasta que Melitón alzó la voz:

—Doña Cláusula, ¿y qué escucha que anda tan animosa? Ya deje la fiesta, ya pasó… ¿o de dónde viene?


—Ni me recuerde, don Melitón, que me regreso. Fuimos a un pastel, pero da la casualidad de que éramos puras mujeres y, ya entonadas, nos soltamos a bailar. Traigo la fiesta todavía. Escuche esta rola, don Meli.


Tomó aire y, sin dejar de moverse, cantó:

—“Soy migajero, no tengo remedio; soy migajero, soy tu basurero; soy migajero, me traes como tu perro; soy migajero, migajero de tu amor”.


Melitón frunció el ceño, entre sorprendido y divertido:

—¡Qué cosas cantas, Cláusula! Qué letra más espantosa.


—Y tengo otras, por si se anima. Un corridito tumbado, de esos pa’ bailar apretaditos…


Y sin esperar respuesta, siguió:

—“A los que me aprecian, saben bien de sobra que estamos pa’ todo y cuando se ocupe; si se ocupa, Lupe, le damos con Toño… Según son amigos, pero por la espalda nunca te perdonan. Yo sigo en lo mío y no los ocupo ni pa’ carcajadas. Acuérdense que Kiko envidiaba al Chavo y no tenía nada”.


Melitón soltó una risa incrédula:

—Ahora sí me dejó de a seis… ¿Cómo pueden cantar eso?


—¡Puro Dos Carnales, don Meli! Ahí nomás pa’ que se dé un quemón. Así somos allá arriba. ¡Fierro, compa!


—¡Arre, doña Cláus! Súbase, que nos toca en Plazas de la Colina.


—Calmado, don Melitón. Pasamos por un café, unos tamalitos y nos la llevamos tranquila. Mire nomás el tráfico… y usted sin gasolina. Ahí en la esquina hay una. Cargue, porque yo no empujo.


—Tienes razón —dijo él—. Está de locos.


—El otro día hicimos tres horas para regresar, y ni agua habíamos tomado. Póngase vivo, si no, no llegamos… y aquellos no se apuran. Ya sabe: cuando no está el gato, los ratones hacen fiesta.


—Ten, Cláusula, paga los tamales y los cafés. Lánzate, y de ahí pasamos por la gas.


—Oiga, por aquí andan la diputada y el regidor, bien amables. ¿Ya vio? Todos se están moviendo: eventos, saludos, fotos… ya andan en campaña pa’ la que viene.


—Normal, mi Cláus. Como no pasó la reforma electoral, los tiempos siguen igual. En septiembre arrancan las federales; acá, las locales, en enero. Eso dice la ley… pero los partidos juegan a su modo. Van tanteando, posicionando gente, midiendo terreno sin romper del todo las reglas. O eso dicen.


—¿Y la oposición? —preguntó ella—. ¿Cree que levante?


—No. Van a retener lo que ya tienen. El pleito no es afuera, es adentro: entre los de arriba, los cercanos… y los que pagan por un lugar seguro. Regidurías, diputaciones —de las pluris, sobre todo—. Ahí está el juego.


—Irse a la segura —dijo Cláusula—. Como en Metepec… o Atizapán.


—Puede que sí… puede que no —respondió él—. Aquí todo depende de quién se acomode mejor.

Cláusula soltó una carcajada y volvió a moverse apenas, como si la música no se hubiera ido del todo:


—Ya nada más le faltó decir: “Arriba y adelante”, como Echeverría.

Melitón la miró de reojo, entre risa y resignación.

Y el coche avanzó unos metros más, al ritmo lento de siempre: el del tráfico… y el de la política.

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©2020
Por: Juan Gabriel González Cruz

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