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Primero la estrategia

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Redacción: La Noticia Es
hace 11 horas
3 min de lectura

Estamos ya en proceso electoral y todos se mueven para encabezar una candidatura. Algunos, sin posibilidades reales, se suben a la ola para “negociar”, aunque, en buen castellano, se trate de chantajear. Las acciones y reacciones son habituales en las contiendas electorales. Ocurre en todos los partidos. Durante la etapa del dominio priista se decía: “El que se mueve no sale en la foto”. En tiempos de la 4T sucede lo contrario: todos se mueven para estar en la encuesta.


Panistas y priistas también cierran filas al paso que marca Morena. El esquema parece repetirse, pero el sistema político es otro. No hay un partido hegemónico; su lugar lo ocupa un movimiento político-social que influye en las preferencias del electorado.


Contra ese movimiento compite la oposición en su conjunto. Hasta ahora, las elecciones presidenciales han favorecido a los candidatos morenistas: tanto en 2018 como en 2024, los resultados fueron inmejorables.


Sin embargo, esos triunfos encierran una debilidad que deben atender la dirigencia nacional, los comités estatales y los gobiernos encabezados por Morena.


En las elecciones intermedias, como ocurrió en 2021 y ocurrirá en 2027, no compite una figura presidencial. Son las agendas locales las que pueden definir el resultado.


Los gobiernos se convierten en el parámetro de evaluación: la ciudadanía tiene ante sí los resultados de una administración estatal o municipal. Aunque se trate de una elección federal, la experiencia local pesa en la decisión del elector.


La presidenta buscará asegurar la mayoría legislativa en la Cámara de Diputados; la gobernadora, por su parte, hará lo propio en el Congreso local. Los presidentes municipales, busquen o no la reelección, también están comprometidos a rendir buenas cuentas, pero parten de una trinchera diferente. El ámbito municipal es el que moviliza la elección intermedia. Por tanto, importa quiénes integran las planillas de los ayuntamientos y quiénes son los candidatos a las diputaciones federales y locales.


Que todos se muevan en busca de una candidatura puede convertirse en un error determinante. Parece oportuno definir primero la estrategia y después valorar quiénes pueden ser candidatos. Hacerlo al revés —elegir primero a los candidatos y diseñar después la estrategia— revela desorganización y falta de madurez política.


Morena no puede experimentar ni repetir los errores de las elecciones de 2021, particularmente en el Estado de México. Las elecciones de 2027 son decisivas: no se pueden esperar resultados diferentes si se incurre en lo mismo.


La derecha, los conservadores y los miembros del Grupo Atlacomulco están al acecho. Perdieron el poder, pero siguen actuando.


Privilegian la lógica y aceptan que todos se muevan; sin embargo, una vez definidos sus candidatos, se unen en torno a la causa que deciden apoyar. En 2021, la maestra Delfina Gómez Álvarez no era gobernadora.


Ahora lo es y cuenta con la visión necesaria para impedir que las aspiraciones personales la conduzcan al fracaso. En elecciones de alta competitividad, en las que el factor local resulta determinante, no puede presentar candidatos que solo se sumen a la campaña: necesita candidatos que le sumen a la campaña.


Acudir a la elección bajo la premisa de definir primero la estrategia y después las candidaturas puede parecer arriesgado, pero es necesario asumir el reto de valorar con quiénes se gana y con quiénes solo se compite. Diseñar esa estrategia exige evaluar las administraciones municipales y el trabajo de regidores, síndicos y legisladores en sus comunidades.


Las encuestas no bastan. El poder también está ligado a saber comunicar y correr el riesgo de decidir. Hay candidatos que son más aliados de la oposición que del proyecto de la 4T, algunos son francamente impresentables.

 
 
 

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©2020
Por: Juan Gabriel González Cruz

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