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Tienen petróleo, no agua

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    Redacción: La Noticia Es
  • hace 7 días
  • 3 Min. de lectura

Por Norberto Hernández Bautista:

—¿Cómo estuvo la fiesta, doña Claus?


—Ni fui. Al final me quedé en la casa; nos dio flojera. Además, el viernes, cuando ya habíamos dejado los moscos en el carro, al caballo se le ocurrió lo de una cervecita… y, pues, ¿para qué le cuento? Nos dieron las tres y las cuatro; las cuatro y las cinco; las cinco y las seis. Imagínese: crucé el Periférico y la Gustavo Baz y ya ni tráfico había. En cinco minutos llegué a la Reforma Urbana.


—¿Pues qué hora era? Medio oí el celular, pero no contesté. En la mañana, cuando me levanté al baño, vi que me había marcado el caballo. Seguro lo agarraron orinando en la calle y se lo llevaron al cívico.


—También a mí me llamó. Le regresé la llamada y ni contestar podía: decía puras incoherencias. “Somos o no somos”, “llámale a mi compa y dile que acá, él ya sabe”… —jajaja—. Y luego: “dedicada para toda la banda de necia: ¡suéltala, que ya sabe caminar! Ya ni caso le hice. Pero ahorita le llamamos, a ver si está durmiendo en el fresco bote. Es un varo, don Meli, así que junte sus pesos para ir por él. El juez cívico, como la de tránsito, no perdona.


—Híjole, mi Claus, con eso de que anda pasando por una pena amorosa… ya entrado en el alcohol se pone a cantar: “Soñar que te tengo en mis brazos… morir a mí nada me importa, si la muerte me ayuda a soñar otra vez…”.


—Decir que canta es un exceso, don Melitón: son puros gritos. Eso sí, le echa ganas y ni pena le da. Hubo un momento en que se puso intenso, hablando de la guerra de Irán, Israel y Estados Unidos. No le ganas una: cuando más, le empatas. Hablaba y hablaba del petróleo, del dinero que tienen esos países.


—Sí, doña Cláusula, le gusta la polémica. Al menos se interesa por la guerra; la mayoría ni sabe que la humanidad está en riesgo. Si Estados Unidos e Israel cruzan la línea roja de usar armas nucleares, es probable que todos paguemos costos enormes. Antes de que eso suceda, los países del Golfo Pérsico que apoyan a Estados Unidos podrían padecer escasez de agua. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Baréin dependen de plantas desalinizadoras para abastecer a su población. Paradójicamente, varios de ellos son grandes productores de petróleo, pero carecen de agua. Qatar tiene menos petróleo, pero enormes reservas de gas natural.


—Muchos barriles de petróleo, pero cero garrafones de agua, don Melitón.

Si, y en un escenario de escalada militar, esa fragilidad deja de ser un dato técnico para convertirse en un riesgo estratégico. La infraestructura crítica —como las plantas desalinizadoras o las rutas marítimas— puede transformarse en objetivo o en moneda de presión. Y cuando el agua entra en juego, las consecuencias dejan de ser abstractas. Con el cierre del estrecho de Ormuz, la escases de alimentos también es un asunto grave.

No se trata de anticipar catástrofes inevitables, sino de entender que los conflictos modernos ya no solo se libran por territorios o ideologías, sino también por recursos esenciales. Porque mientras el mundo discute precios del crudo y equilibrios geopolíticos, hay una realidad más simple y más urgente: el petróleo sostiene economías, pero el agua sostiene la vida.


—Pinches gringos, don Meli, siempre llevan la guerra donde hay petróleo. Matan gente, como si nada. Ese hombre naranja se está pasando.


—Sí, doña Claus, y la economía mundial ya está pagando las consecuencias. Venga, acompáñeme: vamos por el caballo.

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Por: Juan Gabriel González Cruz

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