Trump no quiere a la 4T
- Redacción: La Noticia Es

- hace 3 días
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Norberto Hernández Bautista:
Los conceptos de soberanía, democracia, libertad y el derecho a una vida digna, con respeto a los derechos humanos, ya no responden a las definiciones construidas, al menos, desde el siglo XVIII.
La realidad ha cambiado, como también ha quedado superado el escenario internacional bipolar. Ya no es un mundo enfrentado entre dos bloques dominantes. Estados Unidos ha dejado de ser la única potencia hegemónica y, en un primer plano, comparte el poder global con China y Rusia. Frente a Irán perdió el control sobre Medio Oriente, mientras su aliado, Israel, se ha visto superado por la estrategia militar del régimen iraní.
La guerra iniciada contra Irán no tuvo el desenlace que Trump consiguió en Venezuela con el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Los países latinoamericanos no ofrecieron resistencia al intervencionismo norteamericano en Venezuela, cuyo propósito fue apropiarse del petróleo de ese país y romper cualquier suministro a China y otras naciones que no pasara por la autorización de Estados Unidos.
Washington tampoco logró derrotar militarmente a Irán ni controlar el estrecho de Ormuz. Irán continúa vendiendo petróleo a China a precios bajos, a cambio de apoyo en inteligencia y tecnología militar. La guerra, además, terminó por acercar a China y Rusia frente a Estados Unidos.
Ante este escenario adverso, el gobierno norteamericano dirigió su poderío político hacia los países latinoamericanos. Y lo ha hecho con facilidad. Gobiernos como los de Argentina, Chile, Ecuador, Perú, El Salvador y Bolivia se han alineado con los intereses norteamericanos a cambio de conservar el poder en manos de la derecha y los conservadurismos locales.
No han ganado únicamente con sus partidos ni por la fortaleza de sus democracias. Sus triunfos, sostengo, también se explican por la ayuda norteamericana y por su influencia en los procesos electorales presidenciales. El último triunfo de Trump es el resultado de las elecciones en Colombia.
Estados Unidos está reafirmando su poder y dominio sobre América. La resistencia que queda la representan Brasil y México. Ambos países mantienen gobiernos progresistas respaldados por movimientos sociales sólidos. Por eso viene la embestida contra estas dos naciones.
En el caso de México, el instrumento es la declaración de terroristas contra los grupos del crimen organizado. Las agencias norteamericanas tienen información sobre los líderes de estas organizaciones criminales y ese es el pretexto para mantener la amenaza de una intervención.
Esta estrategia encuentra respaldo en la oposición a la 4T y en el conservadurismo que perdió el poder en 2018 y el control sobre el Poder Judicial en 2025.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no puede quedarse únicamente en las declaraciones. Como jefa de Estado, le corresponde pasar a la acción. Los adversarios son poderosos, tienen claridad en su objetivo y utilizan cuanto tienen a su alcance para debilitar al país y al movimiento, con la intención de recuperar el poder o, al menos, arrebatarle a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados.
Las amenazas de Trump contra el gobierno de la 4T son el combustible de la propaganda que utiliza la derecha y los grupos conservadores. Es lo que da sentido a su lucha. Ideas no tienen; esperan del gobierno de Trump el mismo apoyo que, desde esta perspectiva, contribuyó a la victoria electoral de la derecha en Chile, Perú y Colombia y que ha sostenido al presidente argentino, Javier Milei.
También es indispensable poner orden dentro de los propios gobiernos afines. Hay que actuar: las llamadas de atención son solo eso, llamadas de atención.
La oposición está unida. El cemento que la cohesiona es la ambición. No tiene escrúpulos ni sentimiento patrio.




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