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Los baches y las elecciones intermedias

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    Redacción: La Noticia Es
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Norberto Hernández Bautista

Una de los problemas nacionales es, por increíble que parezca, los baches. Suena absurdo que un tema tan cotidiano se haya convertido en un reto estructural para los gobiernos federal, estatal y municipal. Esto es un asunto que debe entenderse como uno de los fracasos más evidentes de la alternancia política. Lejos de mejorar, los servicios públicos como el bacheo, la pavimentación y la repavimentación empeoraron. En los espacios urbanos es más evidente la presencia generalizada de los hoyos, con los consecuentes impactos a conductores, automóviles, daño a terceros, la salud y al medio ambiente.

En el caso del Estado de México, los baches son parte de la imagen urbana de los municipios de la Zona Oriente y de los ubicados en la Zona Norte del Valle de México. Diariamente, cientos de automovilistas se ven parados en las orillas en espera de una grúa, del señor de las talachas o los propios conductores haciendo el cambio de la llanta dañada por la de refacción. Si esto ocurre de día no hay tanto riesgo, pero si es de noche todo es más peligroso. Si te pasa en los carriles centrales de la autopista México-Querétaro todo detona a mayores. Marcas al seguro y la sorpresa es que te dicen que ellos no pueden actuar en carriles centrales, que saques tu carro a la lateral y entonces pueden proceder a enviarte una grúa para que arrastre tu vehículo.

Suena ilógico, pero es real. Más si el seguro es “chafita”, pero te cobra como de primer mundo. Ante la desesperación de la situación, te apalabras con el de la grúa que está al acecho de cuanto automovilista caiga en el bache porque seguro revienta, al menos, una llanta. Después te das cuenta que ya valieron los soportes, los amortiguadores, la suspensión y el escape. La reacción ante la falta de actuación de la autoridad es tal que nada puede cambiar la furia contra la autoridad. A estas fechas, suman millones de “ponchados” por los baches y esos ciudadanos, tal vez, ya tengan definido su voto que será de castigo contra quienes tenían la responsabilidad de bachear y voltearon hacia otro lado.

En reiteradas ocasiones, los “agujeros negros” provocan choques múltiples. Cuando quieres esquivar el bache, lo más seguro es que pegues a otro carro o que te alcancen por invasión de carril. Los daños son mayores para todos. El golpe de chicote hace que termines en el hospital y salgas con un collarín, analgésicos y desinflamatorios. Es inevitable un “encabronamiento extremo” por algo que era tan insignificante como un bache. ¡Qué diría Molina Enríquez! Si no hay más accidentes por el mal estado de las vialidades es debido a que la movilidad es a vuelta de rueda, entonces los baches se pasan a velocidad mínima. Nada de eso ocurre manejando en contraflujo cuando se puede circular a una aceleración mayor, solo que resulta imposible ver los baches a tiempo.

Los daños al medio ambiente son significativos, porque los baches detienen la circulación en kilómetros. Las emisiones se incrementan, el gasto en combustible se dispara y la pérdida de tiempo horas-hombre es incalculable. ¡Y todo por un bache! Es enero, buen tiempo para empezar a tapar los hoyos en todas las vialidades; no hay una sola que escape a este problema. El reto es formidable, requiere de planeación, logística, sentido de responsabilidad e integrar equipos con verdadero compromiso por las causas sociales. Tapar los baches puede ser la diferencia entre ganar las elecciones intermedias o perderlas. La obra se hace a tiempo o no se hace.

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Por: Juan Gabriel González Cruz

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