top of page

Los partidos no son la oposición

  • Foto del escritor:  Redacción: La Noticia Es
    Redacción: La Noticia Es
  • 19 jul
  • 3 min de lectura

Norberto Hernández Bautista

A partir del sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, el poder político perdió fuerza. El poder económico buscó primero un lugar en la mesa donde se tomaban las decisiones y, poco a poco, fue apropiándose de ese espacio hasta subordinar a la clase política. Su principal herramienta fueron los medios de comunicación, capaces de construir o derrumbar carreras políticas.


Se dice que el PRI y el PAN cogobernaron el país. En realidad, terminaron por convertirse en expresiones de un mismo proyecto destinado a garantizar los intereses de los grupos dominantes. En el mejor de los casos, ese cogobierno se dio en alianza con los grandes intereses empresariales. Con la llegada de Morena al poder, ese esquema se rompió. La reforma al Poder Judicial terminó por cerrar la posibilidad de regresar a un modelo donde grupos ejercían un poder determinante.


En el nuevo escenario de la disputa por el poder en México, el PRI y el PAN han dejado de ser actores relevantes. Padecen problemas estructurales de tal magnitud que hacen insuficiente cualquier intento de refundación. Desde hace ocho años no tienen capacidad para derrotar a Morena ni para revertir el modelo político y económico que éste representa.


Los grupos que perdieron el poder en 2018 conocen bien esa debilidad. La aprobación de Somos México como partido político desplazaría al PRI y al PAN como principales vehículos de la oposición. De cara a 2030, Somos México podría presentar un candidato presidencial con acceso a los recursos financieros y mediáticos que antes se destinaban a esos partidos. El trato privilegiado cambiaría de destinatario.


En este contexto, el principal instrumento de la oposición ya no son los partidos, sino las bases de datos que permiten estructurar campañas permanentes de desgaste. El primer nivel se dirige contra la figura presidencial; el segundo, contra los gobiernos de Morena, y el tercero, contra el propio partido. Aunque esa estrategia todavía no se ha traducido en derrotas electorales, avanza hacia ese objetivo.


Hasta ahora, su mayor éxito ha sido impedir que la Cuarta Transformación modifique la percepción que una parte importante de la clase media tiene sobre ella.


Un sector relevante de la clase media ha incorporado a su visión del país narrativas como "narco gobierno" o "narco presidenta". Un elemento de alto riesgo es la difusión sistemática del discurso de odio.


Alimentado por noticias falsas, ese discurso comienza a convertirse en un elemento de identidad para amplios sectores de la clase media y funciona como el principal antídoto antimorenista. El algoritmo ha demostrado ser una herramienta eficaz para amplificar ese mensaje y maximizar su impacto. En las próximas elecciones, ese factor podría resultar decisivo para que la presidenta Claudia Sheinbaum conserve la mayoría en la Cámara de Diputados.


Morena, como partido en el poder, no puede perder de vista quién es su verdadero adversario. Si insiste en concentrar su estrategia político-electoral en el PRI y el PAN, cometería un error de apreciación. El uso de algoritmos y bases de datos constituye hoy un contrapeso más eficaz que la propia mañanera del pueblo.


Un ejemplo de ello es el programa Derecho de Réplica, cuyo propósito es desmentir o matizar la información falsa que circula en el espacio público. En la lógica de la disputa política, ello representa la primera derrota significativa de la mañanera desde su instauración durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.


Las bases de datos han desplazado al PRI y al PAN como los principales instrumentos de la oposición. Ambos partidos hace tiempo dejaron de ser el eje de la disputa política.

Comentarios


  • facebook
  • twitter

©2020
Por: Juan Gabriel González Cruz

bottom of page