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¡Plurinominales del país, uníos!

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    Redacción: La Noticia Es
  • hace 4 días
  • 3 Min. de lectura

Norberto Hernández Bautista:


—Se va a poner dura la cosa, compa Melitón.

—Así es, compa Rafa. Los partidos chiquitos no se van a dejar. Ya andan armando un frente de lucha contra la reforma con el PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano.

—No les queda de otra, compa Meli: dejar de ser pluris… ¡antes muertos! Cobran una lana por ser diputados, senadores, regidores y síndicos gracias a esa condición. Nadie vota por ellos; solo entran en una lista por la vía proporcional y listo: a comer con manteca.

—Eso sí —dijó Melitón—, son los más interesados en defender lo que consideran su derecho divino a ser representantes plurinominales. Pero ojo, compa Rafa: no solo van a pelear por mantener el mismo número de pluris. Ese es el pretexto.

La verdad oculta es otra: quieren conservar el registro como partido para seguir recibiendo millones y millones de pesos de dinero público.

—¿Cómo que millones?

—Así como lo oye. Los plurinominales les benefician, claro, pero el verdadero negocio es el financiamiento público del que viven los dirigentes. Partidos como el Verde, el PT, MC y ahora hasta el PRI han hecho de eso su modo de vida. Tener un partido bajo la ley electoral actual —la que nació en 2014— es, sin exagerar, el mejor negocio del país.

—A chis, a chis… barájeme eso más despacio, compare.

—Mire: con sacar un porcentaje mínimo de votos en elecciones federales o locales, reciben financiamiento público todos los años. Y si alcanzan ese porcentaje, además, obtienen plurinominales. El partido más jodido recibe millones anuales… y en años electorales, todavía más.

—¿A poco es más rentable que vender mota? —replicó Rafa entre risas.

—Lo dice en broma, pero no anda tan perdido. Ese esquema se diseñó para dar “estabilidad política” y legitimidad al viejo régimen. Era un ganar-ganar. Por eso estaban felices, bien aceitados, pero calladitos. Cuando la izquierda solo era testimonial, los aliados del régimen servían para descalificar sus reclamos. Así fue con el Partido Comunista, luego con el PRD… hasta que Morena les dio el susto de su vida: ganó la presidencia, la mayoría de las gubernaturas y un chorro de municipios en todo el país.

—Dígame, compa Meli —preguntó Rafa—, ¿y cómo le va a hacer mi presidenta para romper esas complicidades, si sus propios aliados están en contra? Una reforma con menos pluris, menos lana y mayor porcentaje de votos para conservar el registro los deja fuera… prácticamente muertos.

—Ahí está el detalle, compa Rafa: son aliados carísimos, política y democráticamente. Pero la presidenta tiene mecanismos y otros medios para romper esa estrategia de conservar un modelo de partidos que ya está en el panteón de la historia.

—Bájale, bájale, compa Meli, ya me está hablando como Krauze.

—Acuérdese, compa Rafa: nuestra presidenta no se anda por las ramas. En momentos de definición, tiene el apoyo del pueblo, que ya está cansado de tanto bandido. Salen carísimos a la nación y todavía se ponen sus moños como si fueran gente decente. ¿O no?

—Compare, todavía no existe y ya la llaman Ley Maduro.

—No le demos vuelta: ahí tiene a los disque dirigentes que en realidad son dueños de partidos, pero muy elegantemente les dicen “líderes históricos”.

¡Vividores! Eso es lo que son.

—No se enoje, compa Melitón, ¿pa’ qué hacer corajes? Oiga, ¿y por qué no vamos a las frías? Así, ya entonado, agarra valor y le canta a la María. “Mira como ando mujer, por tu querer, borracho…”, “Le falta un clavo a mi cruz, pa morir crusificado… clávalo tú, por favor, para que acabe mi pena…”.

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Por: Juan Gabriel González Cruz

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