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Horacio Duarte. Coordinador en jefe



POR NORBERTO HERNÁNDEZ BAUTISTA

No, nunca estuvo cerca, se movió a su entender; jugó su juego, apostó sus cartas y, aunque marcadas, dobló la apuesta y la casa ganó. En la mesa, solo él pedía. Ante la mirada del tallador, los morbosos espectadores esperaban ver el desenlace. Cada uno de sus seguidores no ocultaba sus verdaderas ambiciones: perdiendo el solitario jugador de la noche, ellos ganaban. Al menos era y es su pronóstico. Si él no fue candidato, ellos esperan serlo. Suponen que ya hicieron méritos.


¡Estuvimos contigo hasta el final!

¡Nos morimos en la raya!

¡Aquí seguimos, contigo hasta donde tope!


Hay hasta quienes, sintiendo la emoción de las series colombianas, pudieron expresar:


¡Aquí estamos patrón, pa´ las que sean!

¡Usted díganos, hacemos la vueltica y coronamos patro!


Todas son frases tan recurrentes como vacías. No llevan a nada; menos en política que ahora se limita a la coyuntura. No hay proyecto, no hay ideología, no hay programa, solo la ambición de ser. Nadie le dijo al jugador que era momento de levantarse de la mesa, retirarse a tiempo y buscar nuevos escenarios.


Parece novela, pero no lo es. No llego a tanto, sería un atrevimiento de mi parte. En realidad, es la mesa donde se sentó uno de los aspirantes, o el único, que pensó cambiar la decisión de elegir al candidato a la gubernatura del Estado de México por un método diferente al indicado por la dirigencia nacional de Morena. Higinio se lanzó primero a crear un movimiento que reconociera su antigüedad, su liderazgo como jefe del grupo Texcoco y que esas cartas fueran suficientes para alinear a todos en su favor.


En lo particular, tal vez pensó que Horacio y Delfina debían aceptar que él era la figura. Incluso, fueron las líneas de un discurso regado entre sus seguidores para generalizar el síntoma de deslealtad al maestro, al que se la debían. No sucedió así. Él sabía del método, ya era una decisión tomada, pero apostó a otro escenario, al suyo. Rodeado de colaboradores proclives a la adulación al jefe, se dejó llevar por el engaño; y ahí se escribió la página que pudo tener una redacción distinta, aquella que esperó por décadas de militancia en la izquierda.


La encuesta dio por ganadora a Delfina como la representante de los comités de defensa de la 4T. Ya no hay vuelta de hoja. Previendo cualquier otro escenario, hace unos días, Horacio Duarte Olivares renunció al cargo que desempeñaba en el gobierno del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Esto solo confirma el desenlace de los hechos: Higinio no era el candidato de Morena ni del residente de Palacio Nacional. En caso de una situación no prevista, la opción B es Horacio, hombre de los afectos y confianza de AMLO.


Horacio y Delfina pueden tener agradecimiento y respeto por Higinio, pero eso no cambia la decisión por la gubernatura de la entidad. Tan pronto renunció Horacio se supo lo que era un secreto a voces: viene a coordinar la campaña de Delfina. Es cierto, en las campañas, el partido deja de ser relevante, el peso político cae en la coordinación de campaña. Y más, cuando el coordinador es un líder con el peso y cercanía que tiene Horacio con el presidente.


Es momento de rectificar Don Higinio. No haga sus ruedas de prensa en la Ciudad de México. Tampoco siga dando entrevistas donde solo repite que se queda en Morena y está con la maestra. Venga al Estado de México y hágase acompañar de Horacio y Delfina, póngase en medio y levanten las manos.

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