Independizarse en México ya no es un sueño, es una batalla diaria
- Redacción: La Noticia Es

- hace 25 minutos
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Yajssel González:
La Noticia Es que en México ser joven y querer independizarse se está convirtiendo en un acto casi revolucionario. No porque falten ganas, no porque falte preparación, sino porque las condiciones simplemente no están jugando a favor de esta generación. Hoy miles de jóvenes terminan la universidad, consiguen empleo, se esfuerzan, trabajan horas extras y aun así descubren que el sueldo no alcanza para pagar una renta digna en la ciudad donde crecieron.
Las rentas han subido de forma brutal en los últimos años. Un departamento pequeño en una zona medianamente bien ubicada puede costar más de la mitad del ingreso mensual de un profesionista joven. Eso obliga a muchos a seguir viviendo con sus padres más tiempo del que imaginaron, a compartir espacios reducidos con varias personas o a mudarse a zonas lejanas donde el transporte consume tiempo, dinero y energía. El sueño de tener tu propio espacio se convierte en una operación matemática imposible.
Al mismo tiempo los salarios no crecen al ritmo de los precios. Aunque el salario mínimo ha aumentado, la realidad es que muchos empleos juveniles siguen siendo precarios, con contratos inestables o sin prestaciones sólidas. Y si no tienes estabilidad laboral, acceder a un crédito para vivienda es casi una fantasía. El sistema parece exigir experiencia, historial crediticio y estabilidad que justamente son difíciles de construir cuando apenas estás empezando tu vida laboral.
A esto se suma un fenómeno que ha generado discusión intensa en redes sociales: la llegada de personas extranjeras que trabajan de manera remota y ganan en monedas más fuertes. Para alguien que cobra en dólares pagar veinte mil pesos de renta puede ser razonable, pero para un joven mexicano promedio esa cifra representa una presión enorme. Esto ha transformado colonias completas, ha encarecido servicios y ha desplazado a quienes crecieron en esos barrios. No es un debate sencillo, pero es una realidad que está cambiando el mapa urbano y las oportunidades.
El impacto no es solo económico. También es emocional. Sentir que trabajas duro y aun así no puedes avanzar genera frustración, ansiedad y una sensación constante de estar quedándote atrás. La independencia no es solo mudarse, es construir identidad, tomar decisiones propias, planear tu futuro. Cuando ese paso se retrasa por factores estructurales, toda una generación replantea sus metas.
Hoy el debate ya no es si los jóvenes quieren independizarse, sino si el país está creando las condiciones para que eso sea posible. Se habla de regular rentas, de impulsar vivienda accesible, de mejorar salarios, de fortalecer créditos para primeras viviendas. Pero más allá de las propuestas, lo que está en juego es algo más profundo: la posibilidad real de que la juventud mexicana pueda construir su propio espacio sin que eso signifique endeudarse de por vida o vivir al límite cada mes.
La Noticia Es que independizarse en México ya no es solo una meta personal, es un reflejo del momento económico y social que vive el país. Y la pregunta que queda flotando es clara, ¿vamos a normalizar que tener casa propia sea un privilegio o vamos a exigir que vuelva a ser una posibilidad?






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