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Reforma electoral: el fin del chantaje de los partidos “bonsai”

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    Redacción: La Noticia Es
  • hace 4 horas
  • 2 Min. de lectura

Por Efrén Ortiz

Director Asociado de IRStrat

La discusión de la reforma electoral ha dejado algo claro: Morena no necesita como aliados ni al PT ni al PVEM para sostener el mandato popular que recibió en las urnas. Fueron los votos de millones de ciudadanos que simpatizan con el proyecto de la Cuarta Transformación los que le dieron fuerza al bloque gobernante. Gracias a ese arrastre electoral, partidos como el PT y el PVEM obtuvieron espacios de poder que, por sí solos, jamáshabrían alcanzado.

 

La realidad es que estos partidos minoritarios dependen estructuralmente de las coaliciones para obtener dinero y espacios de poder. Sin el impulso de Morena, su permanencia como partidos políticos nacionales sería, cuando menos, incierta. Sin embargo, hoy utilizan su posición coyuntural para defender privilegios que nada tienen que ver con la representación ciudadana: diputaciones y senadurías plurinominales obtenidas sin competir en elección directa, y un financiamiento público que en demasiados casos ha servido más para sostener dirigencias que para fortalecer la vida democrática.

 

Desde una perspectiva práctica de la política real, lo que ocurre en las mesas de negociación en la Secretaría de Gobernación es un clásico estira y afloja. PT y PVEM saben que su voto puede ser clave y lo están usando para chantajear a la Presidenta de la República. Al levantarse de la mesa de negociaciones envían un mensaje implícito: “si no se mantienen intactos nuestros beneficios, bloquearemos la reforma”.

 

La Presidenta hace bien en no ceder. Doblarse ahora significaría abrir la puerta a un chantaje permanente. Si hoy se conceden plurinominales y financiamiento para salvar esta iniciativa, mañana podrían condicionarse programas sociales, presupuestos, leyes estratégicas o candidaturas. El Ejecutivo no puede convertirse en rehén de partidos minoritarios cuyo peso político depende precisamente de los privilegios que hoy están en discusión.

 

La ciudadanía votó por austeridad, por representación directa y por el fin de los excesos partidistas. Resistir —aunque genere fricciones— es enviar una señal de autoridad política y coherencia con ese mandato. Negociar desde la fuerza (política y moral), y no desde la debilidad, es la única manera de evitar que el chantaje se institucionalice y de preservar la gobernabilidad a mediano plazo.

 

La reforma electoral no solo trata de reglas; trata de definir quién manda en la agenda pública: la voluntad mayoritaria expresada en las urnas o los intereses de cúpulas que buscan perpetuar sus privilegios.

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Por: Juan Gabriel González Cruz

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