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La fractura es un hecho



POR NORBERTO HERNÁNDEZ BAUTISTA

La incertidumbre es lo que prevalece en el PRI. La fractura es real. La ausencia de reglas claras en el proceso de selección interna del partido ha provocado diferencias serias entre los grupos en competencia. Esto es así porque ninguna de las candidatas juega sola; ambas tienen equipos de seguidores, patrocinadores, figuras políticas e intereses empresariales que acompañan sus aspiraciones.


El evento donde se determinó que Alejandra del Moral fuera designada la coordinadora por la defensa del Estado de México acabo por ser un foro que detonó las diferencias no superadas al interior del PRI. Contrario a lo que se esperaba, el destape de Alejandra ha sido una decisión carente de fuerza y de unidad. Si bien no es la normalidad acostumbrada en los procesos internos del partido, esta vez en el escenario por la sucesión en la gubernatura despuntaron dos competidoras y esa condición marcaba una diferencia que había que atender.


La presencia de Ana Lilia Herrera y su creciente activismo político debió ser un llamado para ajustar la modalidad de selección de la candidata. Se insistió en la designación unilateral y ese proceder está fracturando al PRI en una competencia que, al menos, exigía unidad hacia la sucesión. si no con la mejor candidata, sí con la más aceptada por los simpatizantes y militantes priistas.


La única alternativa para corregir el rumbo es dar un paso atrás, serenarse y definir el método de selección de la candidata a la gubernatura del 2023. A pesar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPF) ya se pronunció sobre que no es obligatoria que sea candidata, al parecer, esa decisión ya fue tomada en el PRI. A pesar de ello, recupera terreno la alternativa que sea el candidato propuesto por el PAN el que encabece la alianza con el PRI y el PRD; sin embargo, esa posibilidad más que dar fortaleza a la coalición, incrementa la desorganización y es mayor pérdida de tiempo.


La militancia y cuadros del PRI tienen sus dudas y temores de lanzarse a trabajar abiertamente en favor de Alejandra; siempre prevalece la duda: ¿qué tal que no es la candidata? ¿y si es Ana Lilia? ¿y si es hombre? Por lo pronto, el actual dirigente del PRI tiene la oportunidad de dar un paso al lado, para que sea otro presidente el que reoriente el proceso de selección de la candidata, a partir de un diseño de reglas que regule la competencia de manera neutral.


Al interior del PRI y en los círculos donde interesan los temas político-electorales tienen más atención las acciones emprendidas por Ana Lilia que los eventos de Alejandra. Más cuando los medios de siempre difunden las actividades de la coordinadora para la defensa del Estado de México con frases como: “teje fino Alejandra” o las ayudas de comentaristas acomedidos provocan efectos que fortalecen la opción de Ana Lilia. El video que subió a redes corrió más rápido y con mayores efectos que el PDF del libro “el rey del Cash”.

Ante lo evidente, el PRI vive con intensidad su proceso de ruptura. Ya no será suficiente con establecer reglas para el proceso de selección de la candidata. Ahora será necesario unir los intereses, los apoyos, sobre todo, superar las diferencias entre aquellos que ya se sentían con la candidatura de su lado y los que la reclaman o que piden ser vencidos en una elección interna o en una consulta abierta.


Si las cosas no se componen, Ana Lilia no tiene regreso; será oposición, no necesariamente al PRI, pero si a lo que representa Alejandra.

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