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Sistema de partidos: Ya no existe



POR NORBERTO HERNÁNDEZ BAUTISTA

Quienes controlaban el poder político nunca se imaginaron que el momento de la derrota llegaría. Y, ese día, también dejó de existir el país del que eran dueños, amos y señores. Tan pronto perdieron dejaron de creer en la democracia. Ya no causó interés ganar el poder bajo el modelo diseñado por ellos, donde los ciudadanos salían a votar, elegían a una autoridad que no servía a sus electores, que no era útil ni favorable a la sociedad; pero en ese juego de los arreglos del poder todo era válido, porque los favorecidos hacían elegir al ente de gobierno que estaría a su servicio. La democracia era un traje a la medida que no afectaba el modelo de control político diseñado por el régimen.


Mientras ellos controlaron la democracia tenía valor, era síntoma de una sociedad plural, abierta y liberal; donde cada quien tenía lo que se merecía, aunque la prenda de la ganancia para la enorme mayoría fuera la miseria, el hambre, la pobreza y a crecer en cinturones comunitarios de un mundo donde sobrevivir era sinónimo de resistencia. El aparato del Estado, su instrumento ideológico, creo un discurso político legitimante, donde ser un paría era una elección personal, no un desequilibrio de la economía de mercado, del modelo neoliberal que lo consideró una simple y llana externalidad. Es decir, un costo de la competencia: “eres pobre porque quieres, vives donde vives porque quieres, no estudiaste porque no quisiste, no te superas porque eres un conformista, un mediocre que ama serlo”.


La democracia del viejo régimen se gozaba, el progreso de unos cuantos era suficiente para decir que el modelo funcionaba. Crearon bases de apoyo clasemediero para evitar levantamientos sociales. La burocracia, los sindicatos oficialistas, los trabajadores de Pemex, Luz y Fuerza, la CFE, el IMSS, los trabajadores del PRI, los de los poderes Legislativo y Judicial, todos fueron parte de una base social que ayudó a justificar el predominio de una élite que controlaba la política y la economía del país.


Para los favorecidos del régimen, las reformas político-electorales no eran acciones que pusieran en riesgo el poder y el dominio que ellos ejercían. Al final, cuando el PRI perdió la presidencia del país en el 2000, simplemente incluyeron al PAN en los espacios de control político y todo quedó en santa paz. Nada cambió, ni ellos perdieron sus privilegios ni el pueblo ganó nada, ni siquiera la esperanza de salir de su miseria. La corrupción en el ejercicio del gasto público siguió salpicando a los aliados; la alternancia en los cargos públicos incluyó a los partidos PAN, PRI y PRD y fue un fracaso. El derrotado fue el ciudadano como destinatario de los servicios públicos, que únicamente ha visto cómo se deteriora su nivel de vida.


Solo que el sector privilegiado olvidó un detalle: que el ciudadano tiene una credencial de elector, la sacó y voto en contra de todo lo que ellos, sus aliados y sus partidos representan y ahí se acabó todo. El sistema de partidos donde ellos soportaron el control político de sus privilegios ya no existe. Y será imposible que recuperen, tanto a los partidos útiles para sus fines, como a la clase política a su servicio. Su alternativa es crear nuevos partidos, otras opciones políticas con distintos actores e ideas de amplio contenido social y humano. Es imposible pensar que el PRI, el PAN y el PRD se puedan refundar; su nivel de descomposición es estructural.


No tienen opción; el país del que eran dueños desapareció. Se los quito un ciudadano con una credencial de elector.

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